Madrid 2008 from Timelapses.TV on Vimeo.
Via twitter Manu Contreras
Un blog personal sobre las cosas que interesan a gente como yo. O sea, a mi.
Informática, Música, Aviones, Fotografia, Gadgets.... oıɹɐɹʇuoɔ o1 opoʇ O

Con el colapso del dólar el gobierno ha propuesto una moneda alternativa. Tu valor monetario depende ahora del numero de imagenes graciosas de tu disco duro
He estado preparandome para este momento toda mi vida!
Los que aseguran que es imposible no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo.
- Thomas Alva Edison
Los amos del mundo
Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla antro del computador, su futuro y el de sus hijos.
Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un master en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.
Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.
Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.
Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.
Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.
Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.
Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.
Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.
Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.
Estoy en mi oficina, trabajando. La sala principal de trabajo tiene una forma rectangular, sin separaciones, de unos ... 15 metros de largo por 5 ó 6 de ancho, y mi sitio esta prácticamente al final de dicha sala. Por la parte de entrada a la misma aparece un compañero, R., con 3 ó 4 clientes de una de las mejores empresas para las que trabajamos. No reconozco las caras pero sé que son ellos. Se sientan y comienzan una reunión.
Al cabo de unos momentos, una chica, un poco disminuida psíquica (por Dios, vaya opinión tengo de mis clientes en sueños) se acerca y me dice que porqué no pongo un poco de música. Y al mismo tiempo se pone a rebuscar en una cajonera bajo mi mesa (inexistente en la realidad) donde hay papeles, CDs y cosas que no quiero que encuentre. Llegan el resto de sus compañeros y al final saco un CD de las 4 estaciones de Vivaldi, la versión de Chesky que es mi favorita.
Pongo el CD en el ordenador pero la música no arranca automáticamente. Me pongo a buscar el XMMS, el Amarok, el Winamp, el VLC, el MediaPlayer... pero no encuentro ninguno de ellos. Empiezo a pasar pantallas a toda velocidad buscando algo con lo que reproducirlo y me comentan que vaya control tengo del ordenador, que que bien lo manejo. Les respondo que claro, que llevo 35 años manejando ordenadores porque mi padre tenia uno y los uso desde pequeño -mentira-.
Y -que cosas- es en ese punto, al ser incapaz de encontrar un programa para reproducir un CD cuando tomo conciencia y me doy cuenta de que eso es imposible, que debo estar en un sueño. Recuerdo (insisto: dormido) que habia leido en ESDLV que una prueba para saber si se está o no en un sueño (porque desde luego todo parecia perfectamente real) es mirar la mano y contar cuantos dedos tienes. Miro mi mano izquierda y veo que falta una falange del dedo anular.
Intento hacer memoria para ver si he tenido algún accidente o algo asi ultimamente pero recuerdo que hace una semana he tocado la guitarra con un amigo (hacia años que no lo hacia) en una fiesta y no me faltaba nada, menos aun el anular de la mano izquierda. Pongo la mano detrás de la espalda, vuelvo a mirarla y todos los dedos están completos.
Quito de mi vista de nuevo la mano, la miro de nuevo y tengo 9 dedos! (el pulgar normal y los otros ocho a 45º entre si, como si cruzara los dedos de una mano con la otra... pero con una sola mano).
Decido que efectivamente estoy dentro de un sueño y me siento un poco extraño. Los clientes han desaparecido y mis compañeros de trabajo están cada uno a lo suyo. Pienso, 'bueno, si estoy en un sueño, podré volar', asi que voy andando a un extremo de la sala, me subo a una mesa (ignorado por el resto de la gente) y comienzo a inclinarme despacio hacia delante pensando 'vaya leche que me voy a dar!'), pero justo cuando voy a empezar a caer doy un pequeño saltito y salgo volando despacio con el corazon latiendome rapidamente.
Vuelo unos metros haciendo esfuerzos y en ese momento pienso que tengo que despertar para apuntarlo todo y que no se me olvide, y así lo hago. Me despierto, me incorporo tranquilamente (el corazon solo latia rápido en el sueño), voy al salón de casa y apunto todo lo que he contado aqui.